Tengo bien conocida una ciudad de horrenda noche,
tanto más horrenda que la que Kipling conoció, o Thompson…
Esta es la noche donde la semilla de la esperanza última [se disipa
de la siempre evaporándose mente del nieto del invierno.
En el calabozo tirita el niño alcohólico,
lo conforta el asesino, incluso la compasión reside aquí, [con nosotros.
¡Los sonidos de la noche son llantos de ayuda
desde el pueblo y desde el jardín que desahucia a aquellos [que destruye!
La sombra del guardia oscila contra el muro,
la sombra de la linterna es oscuridad contra el muro;
y a un costado de la catedral despacio se balancea la cruz
–cables, y una alto poste, moviéndose al viento–
y yo crucificado entre dos continentes.
Pero ningún mensaje aúlla a través de mí y para mí, aquí, [oh multitudinario,
hasta mí, aquí –(donde se cura la sífilis con linimento de [Sloan,
y la gonorrea, con otra dosis de lo mismo).

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