En la cárcel de Oaxaca, de Malcolm Lowry


Tengo bien conocida una ciudad de horrenda noche,

tanto más horrenda que la que Kipling conoció, o Thompson…

Esta es la noche donde la semilla de la esperanza última [se disipa

de la siempre evaporándose mente del nieto del invierno.



En el calabozo tirita el niño alcohólico,

lo conforta el asesino, incluso la compasión reside aquí, [con nosotros.

¡Los sonidos de la noche son llantos de ayuda

desde el pueblo y desde el jardín que desahucia a aquellos [que destruye!



La sombra del guardia oscila contra el muro,

la sombra de la linterna es oscuridad contra el muro;

y a un costado de la catedral despacio se balancea la cruz

–cables, y una alto poste, moviéndose al viento–



y yo crucificado entre dos continentes.



Pero ningún mensaje aúlla a través de mí y para mí, aquí, [oh multitudinario,

hasta mí, aquí –(donde se cura la sífilis con linimento de [Sloan,

y la gonorrea, con otra dosis de lo mismo).

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