La mujer dormida
juega a las fragilidades nouménicas en mi ventana
ni las sábanas blancas de su luto
han conseguido mellar la mañana sobre su cuerpo
las grandes piras sordas de la ciudad no la alcanzan
el metal y la vanguardia (por supuesto)
dibujan sus márgenes donde hoy no ha despertado una falda
sino unas piernas morenas y sencillas
No haré el recorrido por su cuerpo
porque petrarca nunca vio mujer como ésta
la confundió con el cristal la poseyó en la nieve
y el lenguaje al que he sido arrojado
su sonoridad portentosa
no alcanza la vastedad de estos valles
no trepa intrépido las cordilleras que aún
conservan hoy extrañas huellas en lo escarpado
de una realidad en el perpetuo periplo sueño de una
[montaña
de una montaña en el cuerpo de una mujer
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